viernes, 22 de septiembre de 2017
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Democracia, Elecciones y Cambio Social

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DEMOCRACIA, ELECCIONES Y CAMBIO SOCIAL

Decir democracia es lo mismo que decir Soberanía Popular. Hay democracia cuando amplios sectores de población participan de forma activa y consciente en la construcción del bien común: un orden social basado en la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político. El pueblo no es una idea abstracta sino el sujeto de la soberanía capaz de asegurar el bien común e impedir su secuestro por intereses privados que se apoyan en la arbitrariedad de los poderes públicos. El pueblo, como sujeto político, siempre está en construcción. En cada momento está representado por los ciudadanos y los sectores sociales que se autodeterminan respecto a la dictadura del capital y otros enemigos de la democracia.

Las elecciones son un instrumento para la realización del bien común. Desde hace 38 años tenemos elecciones pero no se respetan los principios y los derechos fundamentales que la Constitución establece como sustancia y fines de la democracia.

Cuando un régimen político asegura el derecho de voto pero no garantiza empleo y vivienda dignos, educación, sanidad y alimentación saludable para todos, está utilizando un procedimiento democrático, pero no para realizar la democracia, sino para impedirla. En las formas, parece democrático pero en el contenido, es todo lo contrario.

Cuando la economía nacional y la riqueza -en sus distintas formas- no están subordinadas al interés general sino al interés de grandes corporaciones económicas en complicidad con instituciones políticas cómplices, la soberanía no reside en el pueblo sino en el capital y sus políticos a sueldo.

Es necesario un cambio democrático en lo social, lo económico y lo cultural, pero también en lo político. Para que este cambio sea democrático, debe estar protagonizado por el pueblo que expresa, reivindica e impone los derechos y libertades arrebatados por sus enemigos que también son los enemigos de la democracia. Este cambio debe asumir riesgos ante lo desconocido, pero también certezas, entre ellas la necesidad de tomar distancia con la Europa del capital, la globalización de la economía de mercado, la guerra, la competitividad, el consumismo, el machismo, la destrucción de la naturaleza, y la corrupción que constituyen la herencia de 38 años de monarquía bipartidista de mercado.

Las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo y las generales de noviembre de este mismo año presentan dos diferencias específicas respecto al resto de elecciones desde las primeras Generales de 1977: a) la crisis general del régimen inaugurado en 1977 en el terreno económico, social, de legitimidad política, de la forma de estado (monarquía) y la organización territorial (CCAA) y b) la emergencia de una movilización popular crítica y plural, capaz de expresarse en el terreno electoral y constituirse en satisfactor de la inmensa decepción democrática del electorado español.

Un voto para el cambio necesita avanzar, incluso en el espacio electoral, desde fuera de la izquierda capitalista, cómplice necesario de la crisis multilateral que padecen los trabajadores y los pueblos de España e incapaz de superar su degradación burocrática y neoliberal.


Agustín Morán, CAES

 

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