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. La última
edición de "Rompamos el silencio"de Madrid, en Junio´00 dio origen
a la Asamblea preparatoria de la contestación a la reunión de otoño
del F.M.I. y el B.M. en Praga en Septiembre´00. Posteriormente,
ésta Asamblea se convirtió en el Movimiento de Resistencia Global
(MRG) de Madrid que asumió la defensa de las víctimas de la represión
de Praga y se constituyo, durante varios meses, como la única instancia
unitaria y asamblearia del movimiento antiglobalización.
A primeros de
2001 comenzó a trabajar un espacio unitario para la preparación
de la contestación a la reunión del Banco Mundial en Barcelona en
Junio´01 y también para la reunión del G-7 en Génova en Julio y
de la OMC en Qatar en Noviembre de dicho año. En la Semana Santa
del 2001, el Movimiento Antimaastrich realizó en Bañolas (Gerona)
un seminario estatal de debate y formación, (el año anterior en
las mismas fechas lo había hecho en Málaga). De este seminario,
por el que pasaron más de 300 personas de todo el Estado, salió
una convocatoria de Asamblea Estatal el 7 y 8 de Septiembre de 2001
en Madrid, para debatir acerca de la campaña contra la presidencia
española de la U.E. en el primer semestre del 2002.
Esta actividad
fue la última iniciativa del Movimiento Antimaastrich (M.A.M), ya
inactivo por los cambios en la configuración del espacio político
antiglobalización y por sus diferencias internas. Lejos de ser competitiva
con la Campaña "Barcelona 2001", pretendía impulsar, con la legitimidad
de ser la única red estatal antiglobalización durante los seis años
anteriores, un trabajo unitario en el primer semestre del 2002.
Sin embargo, fue ignorada por la red Barcelona 2001, dinamizada
por un sector de I.U., que la vivió como competitiva. El otro sector
de I.U., vinculado con la antigua burocracia del Movimiento Antimaastrich,
aprovechó esta circunstancia para convertirla en el espacio unitario
antiglobalización del que quedará excluido el sector que llevaba
el peso de Barcelona 2001.
Quienes queríamos
un espacio político sin exclusiones, sufrimos presiones de todo
tipo, pero no cedimos en nuestro esfuerzo. Tras el 11 de Septiembre
de 2001 con los atentados en EEUU y la agresión a Afganistán el
7 de Octubre de 2001, comenzó a reunirse una Asamblea con más de
cien colectivos que asumió la campaña unitaria contra la guerra.
Un contencioso bilateral en el terreno de la solidaridad con Palestina
y el Mundo Arabe convirtió esta asamblea en un campo de batalla
que fue expulsando colectivos poco a poco. Además, I.U. de Madrid,
disconforme con la hegemonía de un espacio unitario social que defendía:
"OTAN NO. BASES FUERA" y que se negaba a colocar la condena al terrorismo
en el primer lugar, rompió la unidad y convocó manifestaciones con
el apoyo de la izquierda globalizadora y algunos de los colectivos
que luego le ayudaron a montar el Foro Social de Madrid.
Al mismo tiempo
que la Asamblea de Colectivos "Paremos la Guerra", se reunían los
mismos colectivos en la Asamblea U.E.´02, incluyendo a los sectores
de la ya finalizada campaña Barcelona 2001.
Se decidió,
por fin en Madrid, acudir unidos a la Asamblea Estatal de Zaragoza
en Noviembre´01 para impulsar un trabajo estatal unitario durante
la presidencia española de la U.E. el primer semestre de 2002. Pero
este acuerdo fue boicoteado por uno de los sectores de I.U., lo
cual dificultó gravemente los trabajos de la Asamblea (Areas Temáticas,
Grupo sobre la Guerra, Plenario) estando a punto de impedir que
llegáramos a ninguna conclusión respecto a la campaña U.E.´02. Finalmente
se consiguió "in extremis", suscribir un acuerdo de lemas y contracumbres.
En Madrid, la violación del acuerdo de unificación UE´02-Plataforma
Paremos la Guerra, creó un vacío de espacio antiglobalización unitario.
Por otro lado, la "Plataforma Paremos la Guerra", obviando el problema
político de fondo, dedicó sus esfuerzos a organizar charlas - debate
durante el primer semestre de 2002.
El vacío fue
llenado por una de las Areas Temáticas (Solidaridad con América
Latina), en base a la contracumbre de Mayo contra la reunión en
Madrid de Jefes de Estado y Gobierno de la U.E. y América Latina.
Esta área impulso el F.S.T. (Foro Social Transatlántico), referente
unitario de Madrid, pero no relacionándose en condiciones de igualdad
con el resto de las Areas Temáticas, sino pidiendo de ellas solo
el apoyo a las tareas de la contracumbre. Las Areas Temáticas, que
tienen un trabajo social antiglobalización real, con la participación
de diversos colectivos en cada una de ellas (Libertades, Educación
- Menores, Agroecología - Consumo responsable, Movimiento Obrero
y Derechos Sociales, etc), aunque disconformes con esta situación,
se conectaron a los distintos recipientes o comisiones de trabajo
del Foro Social Trasatlántico.
Los colectivos
de las Areas Temáticas participaron muy activamente en los espacios
de debate y en las movilizaciones de esta contracumbre, pero no
en las estructuras organizativas del F.S.T. donde se libró una dura
batalla por su control. Cuando acabó la contracumbre, las Areas
Temáticas que se habían conectado al F.S.T., se desconectaron, continuando
con su trabajo, que nunca habían abandonado. Como el F.S.T. consiguió
movilizaciones con el esfuerzo de todos, los que se habían apoderado
de la representación, incluido el sector de I.U. enemigo de estabilizar
ninguna estructura, intentaron prolongar algo que ya era sólo un
nombre como forma política del movimiento antiglobalización en Madrid.
Para mayor
confusión, en los meses anteriores a la contracumbre de Mayo´02,
se fundó el Foro Social de Madrid. Al igual que el Foro Social de
Barcelona, éste es un espacio de la izquierda institucional: I.U.
Madrid, CCOO, UGT, USO, ATTAC, en un principio Ecologistas en Acción,
aunque posteriormente se retiraron diversas ONGs de la periferia
de la socialdemócrata.
El sector de
I.U. que se había opuesto radicalmente a un espacio común asambleario
estable para el movimiento antiglobalización, entró, a través de
los grupos en los que participa, en el Foro Social de Madrid, estructura
estable, institucional y divisionista. Ha fracasado el intento de
construir un espacio antiglobalización de los movimientos sociales,
no contra el Foro Social de Madrid, sino independiente de él. No
para luchar contra el Foro Social de Madrid sino para poder hacer
unidad de acción con él sin disolvernos en él. El Foro Social es
la expresión política de las clases medias progres consumidoras
globales y creyentes en el progreso tecnológico, que constituyen
la base social de la izquierda clásica. Sin embargo, las tradiciones
de lucha de la izquierda de Madrid y las múltiples contradicciones
económicas, culturales, políticas y estéticas con el gobierno de
extrema derecha que disfrutamos en España y en el mundo, abren espacios
de cooperación necesarios y posibles entre los nuevos sectores de
la izquierda político social y amplias capas encuadradas por la
izquierda institucional.
El problema
del movimiento antiglobalización no es tanto el Foro Social, sino
nuestra incapacidad para construir una forma política capaz de actuar
de forma unitaria, flexible y autónoma.
El peor enemigo
para esta tarea no han sido las organizaciones de la izquierda tradicional,
sino la familia de I.U. que actúa como "gozne" y hace méritos con
los grandes patronos del Foro Social, impidiendo la constitución
política autónoma del movimiento Antiglobalización en Madrid y de
paso, en el Estado. Un sector que apuesta por todas las iniciativas
que impidan la construcción del movimiento desde abajo, de forma
unitaria y plural, aún a costa de decir hoy una cosa y mañana la
contraria, según sus intereses de coyuntura.
También cabe
destacar como un obstáculo la coalición de media docena de militantes
desterritorializados, promotores de la "red anticapitalista", cuya
única actividad es el mantenimiento, bajo diversas formas y alianzas,
de una estructura dispuesta a posarse sobre cualquier espacio antiglobalización
que se mueva.Una
especie de estructura especializada en contracumbres y campañas.
De realizaciones sociales prácticas y teóricas desconocidas. Usuarios
instrumentales de siglas de diverso tipo. Desconocidos hace dos
años.
Esto no es nuevo.
En los últimos dos años del Movimiento Antimaastrich, fue imposible
superar un grupo parecido que ocupó, desde la Comisión Internacional
de Ecologistas en Acción, la secretaria de dicho movimiento. Lo
preocupante en la actualidad, es el comportamiento antidemocrático
y totalitario que observan, el trato agresivo de algunos de sus
miembros en las asambleas, a las que bloquean mediante el procedimiento
de apuntarse varias veces cada uno de ellos y el acoso a quien les
contradice. Este grupúsculo tiene en su haber, junto con otros,
la destrucción del espacio antiglobalización y antiguerra de Madrid
a finales de 2001 y la coacción sobre las Asambleas del F.S.T. y
algunos de sus recipientes. Impedir un día que una asamblea delibere
sobre los temas previstos puede ser un error. Hacerlo como modo
de actuación habitual es una agresión y un sabotaje.
Calumniar y
descalificar a militantes, colectivos y áreas temáticas que, a diferencia
de ellos, cuentan con una historia de realizaciones prácticas y
teóricas de muchos años, es un acto de provocación. En el desquiciado
espacio de los movimientos sociales en Madrid, nada parece importar
nada. Las alianzas sin principios para situarse en las estructuras
vanidosas (vanas, vacías) se crean y se destruyen constantemente.
No hay acumulación de experiencia, autocrítica, deliberación. Quien
ha protagonizado la voladura de un ensayo social de acumulación
de fuerza popular, puede reaparecer en escena con una nueva mercancía
en forma de campaña, de franquicia internacional, de una nueva modalidad
de espectáculo, o de estimulante experimentación juvenil en espacios
burocráticos controlados por la socialdemocracia. La conjura de
los necios de no plantear los problemas para no ser atacado, es
una ley autoritaria que borra el pasado. Quien se atreva a hablar
de procesos, de comportamientos o de balance, no para descalificar,
sino para clarificar, debatir, comprender, rectificar, rompe la
conjura y se convierte en agresor.
Sin embargo,
es imprescindible poner palabras a los acontecimientos, hacer relatos
que nos expliquen, para superarlos, la brutalidad y la destrucción
que imperan en el movimiento antiglobalización. Es necesario hacerlo,
no para tener razón, sino para mostrar con claridad una opinión
que sirva para el debate sobre los problemas que nos convierten
en impotentes y deslindar con claridad los campos, cosa que, al
no ser posible hasta ahora, nos condena a la repetición de los errores
y garantiza la impunidad de narcisistas, ingenieros y saboteadores.
EL PROBLEMA
DE LAS ASAMBLEAS
Los espacios
comunes no pueden ser utilizados como campo de batalla para contenciosos
bilaterales o sectoriales. Intentar ganar para las propias posiciones
a un auditorio indefenso, incapaz de tomar partido en una disputa
particular, porque carece de los elementos de juicio necesarios,
es un abuso. Forzar la discusión de un tema no previsto y generar
una dialéctica de confrontación en un colectivo numeroso y plural
reunido para otros fines, constituye un acto de autoritarismo, de
subordinación del todo a una de sus partes y de secuestro de la
autodeterminación de una Asamblea. Insistir una y otra vez, en una
propuesta o en una opinión, repitiendo los mismos argumentos y sobre
todo, hacerlo de manera organizada por varias personas, es un ataque
al funcionamiento de la Asamblea. Con la retórica de defender las
Asambleas se puede, tal como hemos comprobado dolorosamente, destruir
las Asambleas.
Participar como
militante individual en las estructuras de coordinación o en Asambleas
territoriales, sin realizar más tarea social que esta actividad
parlamentaria, se revela aquí y ahora como algo inadecuado. Cuando
abundan en una asamblea los militantes individuales que se socializan
directamente en ella y los propietarios de franquicias, normalmente
internacionales, que al no tener absolutamente nada detrás, nos
necesitan a los demás como "sus masas", se produce una confluencia
de intereses entre estos individuos y los "ingenieros" que se constituyen
en "gozne" entre la izquierda institucional y el caótico mundillo
de los colectivos sociales. Este grumo burocrático, no solo pasa
olímpicamente de la dificultad de unir de palabra y de obra el trabajo
reivindicativo y social con el anticapitalismo global, sino que
no está dispuesto a que tonterías como las Areas Temáticas, las
plataformas territoriales o los colectivos, expresen sus experiencias,
porque estas estructuras de participación social, solo "les dan
risa". A ellos solo les interesan aquellas actividades que conocen,
que son "los circos" en los que ellos están a la cabeza. Estos
"circos" son actividades necesarias para el movimiento, pero resultan
degradadas al pretender imponerlas sobre el trabajo cotidiano de
intervención social. Sin resolver este problema, NUNCA podremos
crecer incorporando centenares de colectivos que hacen el trabajo
antiglobalización de base y que, espantados por la brutalidad de
estos burócratas y por las luchas partidistas en las asambleas,
se retiran con la convicción de no volver más a los espacios comunes.
Las Asambleas
de territorio deberían ser Asambleas de personas que participan
en colectivos, áreas temáticas o redes territoriales. Abiertas,
pero garantes del tiempo de expresión y debate para quienes vienen
en representación de colectivos. Quien no representa más opinión
que la suya propia, no tiene derecho a arrebatar el tiempo de los
representantes de colectivos. El mayor atentado al funcionamiento
asambleario se sustenta en el igualitarismo absoluto que otorga
los mismos derechos a quien tiene como única aportación sus opiniones
personales que a quien representa con sus opiniones una actividad
social y unos acuerdos expresamente debatidos sobre los temas objeto
de la Asamblea. La democracia radical exige conocimiento y transparencia.
Eso tiene que ver, no solo con conocer lo que se dice, sino también
con conocer a quien lo dice. Sin esa transparencia, que se construye
poco a poco, las asambleas, sobre todo estas asambleas sin territorio,
ni trayectoria, ni memoria, son, como se demuestra, una experiencia
brutal, violenta, donde las actitudes más impresentables se ejecutan
impunemente una y otra vez.
En momentos
álgidos, las Asambleas son una maquinaria organizativa necesaria
para encuadrar oleadas de nuevos militantes. Pero, para poder funcionar
de forma productiva y no caer en el espontaneísmo o las provocaciones,
deben estar articuladas por un número de colectivos vinculados por
la confianza, construída en una trayectoria común y que ejerzan
un reconocido liderazgo sobre la mayoría. En la situación actual
no se da ninguna de estas circunstancias. El liderazgo puede caer
en las manos más irresponsables. Manteniéndolas abiertas, debemos
poner el acento en la representatividad de actividades verdaderas
como criterio principal de asistencia a las Asambleas.
Es comprensible
que esta idea escandalice a quien solo puede ofrecer sus viajes
de turismo de guerra o su "recorta, pega y envía" por Internet.
El centro de gravedad de los espacios asamblearios, deberían ser
los colectivos y las actividades sociales que éstos representan
y no el espacio mismo. Se trata de que crezca el movimiento social,
no el espacio. El espacio, la Asamblea, el MAG, no crecerá sin que
lo hagan sus partes constitutivas. Solo los burócratas confunden
una forma, la Asamblea, con su contenido, las actividades sociales,
que la constituyen en una forma política de la sociedad. Los "ingenieros
gozne" no lo confunden, pero saben que impidiendo la constitución
y el funcionamiento democrático y plural de la Asamblea, impiden
las sinergias, el apoyo mutuo y la acumulación de fuerza necesaria
para que crezca el trabajo social antiglobalización de los colectivos
y con ello, el movimiento autónomo, independiente de la izquierda
globalizadora, a la que miran de reojo esperando aprobación. Hay
una coincidencia entre los propósitos de quienes tienen como tarea
impedir que crezca el movimiento autónomo y los burócratas asamblearios.
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