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COLECTIVIDAD.
INDIVIDUALISMO. VIRTUD.
Cualquier proyecto
colectivo está atravesado por contradicciones, desencuentros y crisis.
Debemos utilizar de forma productiva los problemas y el sufrimiento
que acarrean para evitar que acaben con nosotros. Las acciones de
las personas tienen mucho que ver con las normas y los valores,
tanto si se observan como si se incumplen. Establecer algunos principios
éticos compartidos como referencia para nuestras relaciones cotidianas,
en base a nuestra experiencia, puede ser, más que un ejercicio retórico,
una condición para sobrevivir y crecer.
En el capitalismo,
la persecución del interés individual es el fundamento de la vida
social. Nosotros combatimos eso. Pero de puertas adentro, no siempre
lo hacemos. No se trata de cambiar el totalitarismo del mercado
y la acción individual por el totalitarismo de nociones comunitarias
que aplasten a la persona. Se trata mas bien de restablecer normas
comunitarias que nos permitan, desde lo que cada uno pueda, compartir
un modelo deseable para la vida en común.
Al igual que
sucede en el orden político, social y cultural, si no se tiene una
ética alternativa, construida dinámicamente desde los colectivos,
se trabaja, sin quererlo, sin saberlo, con la ética y los valores
del enemigo. Los militantes no estamos vacunados contra el individualismo.
La virtud, el
obrar bien, despende de que se fortalezca el proyecto común. En
este sentido, la virtud es la excelencia en el propio comportamiento.
Dicho de otra manera, la posibilidad de que nuestro comportamiento
esté a la altura de las circunstancias, de las necesidades del proyecto
común. En un principio está la acción. Lo bueno, lo virtuoso sólo
puede serlo si se muestra en acciones buenas. [1]
Por el contrario,
las acciones no virtuosas son las que no fortalecen, sino que debilitan
la vida social, el proyecto común, fomentando la desconfianza, el
sectarismo y la competencia. Este es el circulo vicioso.
La institución
principal de la vida en común es la deliberación. Lo peor de los
problemas es la incapacidad de deliberar sobre ellos de manera abierta
y constructiva. Sin el diálogo, los problemas son el vehículo por
el que se expresan las pasiones negativas.
El objeto fundamental
de la deliberación no son las cuestiones externas a nuestro obrar,
sino lo que depende de nuestra inteligencia, voluntad, acciones
y omisiones.[2]
La verdadera
aventura revolucionaria no sólo tiene que ver con la sociedad exterior,
con la lucha contra el poder visible, sino también con una componente
interna, personal, en la que se reproduce la lógica que atraviesa
toda la sociedad. Este es un frente de lucha principal que está
fuera de nuestros planes, a pesar de que sufrimos constantemente
sus consecuencias, causando más daño y más bajas entre nosotros
que el enemigo exterior.
AUTONOMIA
Y ANTIGLOBALIZACIÓN.
La fuerza social
emergente en los movimientos antiglobalización, puede favorecer
la construcción de un nuevo sujeto social transformador integrado
por mujeres, jóvenes, trabajador@s - estudiantes, precarizados,
inmigrantes, etc. Estos sectores sociales son hoy la mayoría de
la población asalariada, su segmento mas explotado y humillado.
Aunque algunos de sus militantes pertenecen a la vieja (aunque real)
izquierda, en general se sienten muy distantes de ella. No les faltan
motivos. Esta izquierda institucional, envejecida, conservadora,
retórica, burocrática y cómplice, no solo se muestra impotente para
construir un mundo mejor, sino también para defender eficazmente
a los sectores que la sostienen: la clase obrera estable, masculina,
blanca, consumista, urbana y creyente en el progreso tecnológico.
La lucha contra
la globalización puede convertirse en algo parecido a lo que fue
la lucha antifranquista desde 1.960 hasta la muerte del dictador
en 1.975. La oposición política a un régimen que impedía la autonomía,
la libertad y el bienestar a la mayoría de la población, facilitó
la convergencia en la lucha de amplios y diversos sectores sociales.
Si conseguimos
salir de los lugares comunes y los vicios de la izquierda social,
muy parecidos a los de la izquierda institucional pero menos explícitos,
podemos convertir una paradoja, cada vez hay mas explotación y menos
lucha, en una contradicción social, millones de personas que sufren
solas pueden reconocer al enemigo común y avanzar en oleadas contra
él.
El papel de
las redes sociales juveniles es primordial, en este esfuerzo, para
incorporar precisamente al sector sobre el que se abate más intensamente
la violencia explotadora y totalitaria del Capitalismo global, la
juventud.
Solo en una
marea de protesta social se pueden curar muchas de las patologías
que padecemos y que esterilizan enormes masas de esfuerzo militante:
los grupos portadores de la verdad revelada anarquista, comunista,
materialista o postmaterialista, los militantes de ratos libres
que se socializan directamente en estructuras de coordinación de
movimientos sociales, una nueva burocracia experta en diseñar estrategias
sobre la fuerza social de otros, la trampa de aliarse con los custodios
de la democracia de mercado que son los mayores enemigos de la democracia,
frente a los "violentos".Solo superando, desde la lucha social,
estos problemas, surgirán nuevas generaciones de militantes, con
experiencia, valor y capacidad para organizar una fuerza social
que defienda la libertad, la democracia, el respeto a los derechos
humanos, una convivencia pacífica y una vida mejor para tod@s.
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